La Línea Sanlúcar de Barrameda a Puerto de Santa María en los años 1970 - Relato. Por MZC.

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La Línea Sanlúcar de Barrameda a Puerto de Santa María en los años 1970 - Relato

Por MZC [1]

Aunque los ferrobuses y yo nos conocíamos desde unos años antes (Alcalá de Henares, Colmenar Viejo, Griñón...) cuando de verdad intimamos fue cuando permuté con un compañero mi plaza en Madrid por la suya en Rota. Era a mediados de 1970 cuando empecé a usar el ferrobús en días alternos para ir a trabajar a Rota desde mi casa en Sanlúcar. Por entonces aquella línea tenía bastante movimiento, y dependiendo de la temporada "dormían" en Sanlúcar uno o dos trenes y sus tripulaciones. En verano era muy agradable darse el paseo desde mi casa a la estación Sanlúcar/Playa para coger el primer tren de la mañana, y lo mismo desde la estación de Rota hasta la Venta de la Costilla. El caso es que a las ocho yo estaba currando, hasta las ocho de la tarde. Justo a tiempo de tomar en Rota el tren de las nueve que me devolvía a casa, y esa era mi rutina viajera.

Recuerdo a Rivas, el factotum de Sanlúcar; digo bien, factotum, porque hacía de todo: abría la estación, encendía las luces, vendía los billetes (le llevaban los demonios cuando se presentaba a última hora alguien con pasaporte militar ¡lo que tenía que escribir, cortar y grapar aquél hombre en tales casos!). Pedía vía, cumplimentaba el libro de telefonemas, tocaba la campana y daba reglamentariamente la señal de salida. Entre tren y tren, atendía la paquetería, ejercía de conserje, jardinero, y yo creo que hasta arranchaba el dormitorio de agentes. La estación de Rota era más importante, tengo vistas allí plataformas portaautomóviles descargando, vagones portugueses de bordes altos cargando madera de eucalipto, recibía vagones para la Base (apartadero de El Chorrillo), etc. El jefe de estación de Rota me recordaba al D. Quijote de la Plaza de España de Madrid: alto, flaco, de impresionantes bigotes; tenía un gabinete con muchos teléfonos, cuando sonaba uno muy grandote, salía disparado a atenderlo: era del puesto de mando de Sevilla.

Los trenes eran de tres coches de ejes, FER+FRI+FRC, tipo 90, parecía mentira que no descarrilasen en la curva de Chipiona. El maquinista y su ayudante no tenían más separación del público que una cortina que habitualmente iba recogida. Los lunes solían ir en doble composición, atestados de marineros e infantes de marina que habían estado francos de ría y volvían a sus destinos. No faltaba en cada tren la pareja de la Guardia Civil, y había viajeros fijos como el Kiki, un indivíduo digamos que "pintoresco", que iba con un enorme canasto lleno de baratijas y objetos diversos comprados de encargo en Sanlúcar. Se apeaba en la Peña del Aguila y recorría aquellos pagos hasta las tres de la tarde distribuyendo su mercancía. Durante una temporada afortunadamente corta fue fijo del tren de la noche otro gachó al que con la Ley de Policía de Ferrocarriles en la mano no se le debería permitir viajar; trabajaba en una fábrica de guano de pescado en El Puerto, y traía a la vuelta un pestazo... Recuerdo también a dos agentes comerciales de vieja escuela, Hilario Abad y Rafael Mota, que solían ir de Sanlúcar a Rota con sus muestrarios. El ambiente a bordo no tenía nada que ver con los actuales cercanías que frecuento entre Vilanova y Barcelona: si coincidían en el tren dos o tres amigos, gente de campo, no era raro que se arrancaran por flamenco del bueno. Si alguien se confundía y en vez de cantar lo que que hacía era alborotar, allí estaba la Benemérita para velar por el buen orden.

Lo más chocante que viví en aquellos viajes fue que una mañana el ferrobús se negaba a arrancar. Solución: todos a empujar (menos el Kiki). A partir de la última aguja la vía sube poco a poco, por lo que hubo que emplearse a fondo. Al llegar más o menos a la señal avanzada la rampa se hacía más acusada y ya no podíamos más. Nos subimos al tren y el maquinista se dejó ir de nuevo hacia la estación, con tan buena fortuna que por fin arrancó. Yo no sé que explicaciones tuvieron que dar los amigos ferroviarios aquel día, pero sé las que tuve quedar yo a mi jefe.

Tres años más tarde me tocó trabajar en Puerto Real, y continué fiel a los ferrobuses, hasta que me fallaron. Las rotaciones incluían en una mañana Sevilla, Huelva, Cádiz y Sanlúcar, y eso en verano era demasiado. Cuando llevábamos una hora esperando en Puerto Real el ferrobús para Sanlúcar, llegaba pero desde Sevilla, teniendo que seguir hasta Cádiz y volver. Aquella tarde del verano de 1974 me lié la manta a la cabeza y me compré un Seat 600.

Por aquel entonces empezaron a hacer cosas raras: Remozaron los muelles y tinglados de las estaciones y construyeron el apartadero para el silo de Peña del Aguila, para acto seguido suprimir el tráfico de mercancías. Construyeron entre El Puerto y Rota un apeadero en el que jamás paró un tren. Automatizaron los pasos a nivel entre Rota y Peña del Aguila, renovaron por completo los 22 Km de línea telefónica entre Rota y Sanlúcar, pusieron guardería en los pasos a nivel de todos los caminos rurales entre Chipiona y Sanlúcar, sembraron miles y miles de traviesas nuevas a los lados de la vía, la mayor parte de las cuales no llegaron a colocarse. Cuando en 1977 electrificaron el trayecto Sevilla - Cádiz se consumó la ruina definitiva del ramal de la costa. El "servicio" quedó reducido a un ferrobús FER+FRC que llegaba a Sanlúcar cerca de las cuatro de la tarde, y salía de vuelta a eso de las cinco y media, casi siempre sin viajeros. El uno de enero de 1985 ya no circuló el ferrobús. En esa fecha se certificó la defunción de la línea, pero realmente la habían matado poco a poco, desde mucho antes. Poco después unos cuantos vagones remolcados por un tractor de maniobras recorrió la línea recogiendo las pocas traviesas que quedaban desperdigadas y algunos enseres de las estaciones. Los carroñeros hicieron el resto.

R.I.P.


  1. Publicado originalmente el 21-9-2003 en es.rec.trenes
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